El Atlético de Madrid ganó el derbi 2-1 al Real Madrid en la séptima jornada de LaLiga, pero buena parte de la tarde en el Metropolitano giró alrededor de un jugador que empezó en el banco. Julián Álvarez fue silbado cuando se anunció su nombre y otra vez cuando saltó al campo, pasada la hora de juego: la grada no le perdona que en verano quisiera marcharse al Barcelona, una salida que el club bloqueó.
El partido ya estaba de cara. Al inicio del segundo tiempo, una infracción de Dean Huijsen sobre Giuliano Simeone dentro del área le costó al Madrid la expulsión del central y un penalti que convirtió Alejandro Grimaldo. Jonathan David amplió pocos minutos después y fue precisamente él quien dejó su lugar al argentino. Antonio Rüdiger descontó en el minuto 89.
De los silbidos al aplauso
En media hora, Álvarez cambió el ánimo del estadio a base de esfuerzo: presionó, pidió la pelota y terminó despedido con aplausos. El Atlético queda segundo con 16 puntos, a cinco de un Barcelona que lo gana todo; el Madrid, con su segunda derrota de la temporada, cae al cuarto lugar.